2 nov. 2011

LA DINÁMICA CULTURAL COMO VÍA DE INTEGRACIÓN. COLOMBIA Y VENEZUELA.

Sahú Castrillón
Músico / Creador colombo venezolano y Director de Palenque Son Karibe


La trascendencia de la cultura ha sido de vital importancia en la coincidencia de los pueblos y su cercanía cualquiera que sea su ubicación geográfica. Cada país tiene su propia identidad, pero, ¿cómo conviven las tradiciones y sus semejanzas al cruzar sus fronteras? A Colombia y Venezuela es más lo que los une que lo que los separa.

A través de un sinnúmero de generaciones, la frontera colombo venezolana ha tenido una dinámica que se relaciona en todos los sentidos, especialmente el comercial y el de tradición familiar, que se profundiza en el acontecer, no sólo cotidiano, sino en la costumbre socio cultural y folclórica. Más allá está un país: Colombia, y de este lado, Venezuela. Dos países que convergen en similitudes y paralelismos que en su origen tienen una misma raíz.

¿Cómo se vive la cultura tradicional, ya sea musical, danzaria, o de oralidad a través de dos repúblicas coincidentes en su historia, dos países tan cercanos, pero tan distantes a la vez?

Separados desde 1830 a raíz de la rebeldía de un jefe militar, una frontera común percibe en un ir y venir, el desplazamiento de una serie de ideas, acentos y músicas que se adoptan casi como si fueran propias, narraciones y mitos que solamente cambian de nombre.

Una hermandad, hijos de una misma tierra que sólo divide una línea, un mismo idioma, costumbres similares, un mismo libertador, y ríos que nos son comunes. La frontera, según los politólogos se define como un espacio que puede generar contactos humanos y relaciones que se devienen en una interacción mutua o familiar. El límite no. El límite es una “línea que divide”, el que legalmente permite o no la circulación de su espacio.

Estos dos países son quizás los más idénticos en sus cuadrantes de saberes populares y de tradición. Nuestras afinidades trascienden más allá de simples afectos, a una realidad concreta. Lo de aquí y de allá nos brinda la oportunidad de coincidir en la materialización de géneros musicales que aún estando distantes nos acercan a su identidad, como es el caso de los bambucos del Eje Cafetero colombiano y que en los Andes venezolanos encuentra su par. Tampoco es extraño para un llanero colombiano de Arauca, encontrar su género musical gemelo en un joropo o un golpe de pajarillo.

Aún en medio de las diferencias culturales evidentes, podemos determinar las formas de vida de quienes transitan o se arraigan por largos periodos en ambos países, y notar que sus gustos son similares en la búsqueda de su entorno y su identidad. Por lo regular, en principio, los emigrantes tratan de ubicar su morada en tierras similares a las de su lugar de origen y terminan asimilando lo recién adoptado. Esto no es casual.

Un andino colombiano ubicará su lugar en zonas montañosas, los costeños buscarán sus símiles, mientras que un ciudadano buscará las grandes urbes. Son innumerables los parecidos entre colombianos y venezolanos. Si abordamos el concepto del arquetipo, en Colombia de acuerdo con el departamento o lugar de procedencia, se puede reconocer a unos más que a otros, exactamente como sucede en Venezuela, donde un andino es diferente a un margariteño, o a un llanero de un zuliano, pero que a la vez un andino colombiano puede ser confundido con uno venezolano. Lo mismo que con un llanero.

Trataré de resumir similitudes y concordancias de algunos géneros musicales y festividades mágico religiosas que permitan el acercamiento a esa conexión bilateral que tiene la evocación de sus ancestros y la necesidad de encontrar su propia forma de vida en eso que llamamos integración, o la forma de entender e interpretar la trama de la vida del otro, a pesar de su carácter limitativo y la diversidad de su propia idiosincrasia.

Los diferentes acentos de la música colombiana encuentran su similar en la música venezolana, ambas variadas en sus manifestaciones instrumentales, numerosas en su aplicación a la danza y al canto, así como los mismos signos de la diversísima geografía y la heredad de lo indígena, lo español y lo africano.

La llegada y sus parecidos
Al llegar a Caracas para mí no fue nada extraño el entorno que me rodeaba ya que su geografía y el carácter amable del caraqueño me identificó con mi Medellín dejado atrás. Con el tiempo, el ir y venir por los diferentes pueblos me permitió encontrar en mi primer viaje al Estado Apure, la semejanza del arpa, los capachos, el cuatro y el contrapunteo de los cantadores de joropo idéntico al de Villavicencio, donde se hermanan en un mismo sentir, melodías y tradiciones en los grandes festivales binacionales de música la llanera.

En mi niñez escuché en la radio piezas llaneras que interpretaban los “cantantes de moda” como Ariel Rey y Arnulfo Briceño, al estilo de Juan Vicente Torrealba. Cuando tuve la oportunidad de conocer la raíz llanera en su origen, su creatividad e interpretación tradicional llena de sabiduría, vi que aquello no tenía nada que ver con la pureza interpretativa de un Luis Quinitiva o Pedro Flores, el mejor bandolista y fundador del Festival Internacional de Bandola en Maní, Casanare, o con Anselmo López en Barinas.

Una vez en Medellín, al preguntarle a un músico llanero de qué parte era, lo resumo en la apreciación de Miguel Gómez: “Somos el mismo llano, el mismo morichal, la misma palma. Somos el llano mismo en cada copla, en el arpa, en el cuatro y las maracas…” La verdad es que la Periquera, el San Rafael, el Merecure, están muy emparentados y muchos de los temas confunden, por fortuna, la nacionalidad. Así mismo, la Danza, los platos típicos como la carne asada, el picadillo criollo, la cachapa, el pisillo de chigüire, el paloapique y los quesos son normales en ambos lados.



Apure y Táchira son quizás las dos entidades más idénticas en esta la situación geográfica por su cercanía. Ambas geografías no difieren mucho en sus estructuras. Si un forastero atravesara la línea de separación sin darse cuenta, no podría decir exactamente en que país se encuentra. Si escuchara un Vals, un Pasillo o un Bambuco sin ser músico, tampoco podría diferenciar mucho, ya que en Colombia, el Pasillo tiene la misma métrica que el vals criollo venezolano, y su organología musical se basa en los instrumentos europeos como la Guitarra, la Mandolina, el tiple, el Violín, la Bandurria o Bandola andina, y en el caso venezolano, el agregado del Cuatro.

Los carnavales no podrían pervivir si no fuera por sus músicas, sus disfraces y su alegría. En eso tampoco nos diferenciamos ya que al estar en una comparsa en el Callao es casi lo mismo que estar en Barranquilla o San Andrés, excepto que en Barranquilla, el ritmo de los tambores afro tradicionales tiene más presencia que en la Isla de San Andrés donde el Calipso es la música por tradición. Este género musical de raíz antillana cantada en Creole, Patois, Inglés o Francés, tiene la misma métrica de cuatro tiempos tanto en el Callao como en la Isla, sus diferencias se encuentran en la instrumentación, especialmente en Venezuela donde sufrió una transformación diferente al ritmo originario con la incorporación del cuatro y el coro, y que su entorno geográfico se sitúa más hacia los márgenes del río que hacia lo costero.

La situación sucede al revés en Valledupar, tierra originaria de la música vallenata y el sector de la Vela de Coro. La similitud de los sonidos de la caja vallenata se encuentra en perfecta armonía con el tambor veleño que posee una ejecución más rápida y de marcada exigencia en la habilidad del ejecutante. Mientras el Tambor veleño se alegra en las fiestas navideñas, la puya vallenata se destaca en las competencias de los festivales de la leyenda vallenata en el mes de abril. Si alguien no sabe diferenciar estos dos géneros, podría pasar desapercibido si es tocado en alguno de los dos espacios geográficos, ya que su ejecución resume el tiempo del seis por ocho.

Lo afro binacional
Tatiana Gómez, bailarina venezolana, me contó que estando en la costa colombiana escuchó una gaita que tenía los mismos pregones de la Gaita de Tambora del Sur del Lago de Maracaibo que hablaba de “Paloma te fuiste volando”. Ella, muy orgullosa, le decía a los nativos de allí, que eso era de su tierra, y aquellos le explicaban: “No Tatiana, eso es de la zona del Atlántico y es tradicional nuestro”. Concluía Tatiana: “Tenemos que asumir que somos zonas no geográficas, sino zonas culturales; detalles como nuestra fisonomía, la manera como nos relacionamos nos indica eso, que sólo nos dividen puntos geográficos. Culturalmente somos la misma gente”.

Y es que la similitud de la Gaita de Tambora con la Gaita colombiana se iguala en su estructura instrumental, ambas tamboras tienen los mismos amarres para su afinación. Los tambores Alegre y Llamador se afinan por tensión a través de mecates y cuñas de madera, al igual que el Tamborito zuliano.

En cuanto a sus melodías, la Gaita colombiana es instrumental, la que a su vez se convierte en Cumbia cuando se vocaliza, mientras la Gaita del Sur del Lago es cantada. Su sonoridad es muy afín y aproximada en su estructura musical, por lo que ensambla perfectamente con la cumbia, y ésto lo hemos probado con Palenque Son Karibe en la integración de ambos géneros mediante la integración de los tambores sin que ellos pierdan su identidad en lo que hemos llamado el ritmo Cumga.



Así mismo, esto que nosotros denominamos integración y no fusión, lo hemos experimentado con los golpes de tambor de San Millán con Herman Villanueva, Nancy Hernández, y los golpes del tambor Seresesé colombiano, de allí salió el Seremillan.

Igualmente, nuestro encuentro con los tambores redondos de Guatire y la fraternidad de Oscar Muñoz y Ernestina “La Ñeta” Ibarra, nos dio la pauta para encontrar dos formas de tambores tan diferentes, pero tan similares en su concordancia sonora, derivándose de allí, cantos que se emparenten con los cantos de la Puya afro tradicional colombiana.

No menos importante es lo que sucede con la Gaita de Furro y el Currulao de la Costa Pacífica, que al igual que la Puya vallenata y el tambor de Falcón, condensan su medida en el tiempo del seis por ocho. El paseo vallenato a pesar de sus distancias encuentra su similar en el joropo con estribillo, del Estado Sucre, así como el tambor Pujao de la fulía Barloventeña se asemeja a la tambora del Sanjuanero en el Departamento del Huila. Lo mismo sucede con el Galerón Margariteño y el Torbellino Boyacense.

El Sabor
Los saberes y los sabores de lo gastronómico no pueden quedarse sin el aderezo de lo cotidiano, ni lo atractivo al paladar cuando se visita uno de estos dos países. Dos de los platos más famosos y que se asemejan en su preparación son: La bandeja Paisa y El Pabellón Criollo. Las arepas son infaltables en Medellín, los Sancochos no podrían diferenciarse, mientras que sí lo son los Tamales y las Hallacas en sus condimentos. El dulce de Cabello de Ángel venezolano, tiene su mismo gusto y producto en el dulce de Vitoria, mientras que el Majarete allá se llama natilla, y los buñuelos, allí, en vez de ser de yuca, son de queso.

Testimonios de lado y lado
"Jamás recibí un maltrato en Colombia (…) mientras besaba cada semana mi bandera y cantaba mi himno, aprendí a entonar también el Oh Gloria Inmarcesible". (Lil Rodríguez).

"Yo nunca pasé por venezolana en Cartagena, creían que yo era de Barranquilla". (Tatiana Gómez).

Ser venezolano o colombiano, forma parte de un proyecto enunciado en las diferentes formas en que lo imaginario y la memoria se han construido a través de la historia, imágenes que tienen implicaciones sociales, culturales y políticas que deberían mirarse, mucho más detenidamente para reubicar las relaciones binacionales. (Elizabeth Zamora).

"Colombia y Venezuela son dos países hermanos que deben apoyarse mutuamente. Gracias al vallenato me enamoré del que hoy es mi esposo, que es colombiano". (Marisol Medina).

“La única división es política. Somos hermanos de sangre. (María Mulata, Cantante colombiana).

“Los llaneros somos uno solo, así como el llano es uno solo. Una sola extensión de tierra que viene desde los llanos del apure venezolano, hasta los llanos orientales de Colombia” (Músico llanero de San Martín, Colombia).

"Yo siento que los venezolanos y los colombianos tenemos mucho en común. Compartimos un mismo espíritu a pesar de que los ritmos puedan ser distintos. Me inspira mucho el compartir con mis hermanos de Venezuela". (Claudia Gómez, cantante colombiana).

Finalmente, creo que la integración debe ser utilizada para ennoblecer y cultivar el buen gusto y la sensibilidad de un país.

Fuentes consultadas.

Abadía Morales, Guillermo. Compendio General del Folclore Colombiano.

Campo Miranda, Rafael. Crónicas Didácticas sobre el Folclor de Colombia.

Castrillón, Sahú. De Medellín a Caracas, Recopilando Cantos, 2007.

Revista Semana. Colombia. 20 de Febrero 2006.

Rodríguez, Lil. Bailando en la Casa del Trompo, Edit. El perro y la Rana, Caracas, 2007.

Sojo, Juan Pablo. Estudios del Folclor Venezolano. 1986.

Zamora Cardozo, Elizabeth. Vidas de Frontera. Ed. Tropikos, Caracas 2006.

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