2 nov 2011

Chaplin, Marceau…Sahú y Facundo Cabral



Venían acompañándose el uno al otro. No lo dije entonces, ni podría decir ahora que había contrafiguras. Y es que esa visita primera de Alberto Cortez y Facundo Cabral juntos marcaba la igualdad para la mística y la valentía de asumir el camino de la felicidad.

Fue ese, “Lo Cortez no quita lo Cabral” un concierto único, lleno de aplausos, llantos y sonrisas para quienes compartimos el privilegio en el Teresa Carreño.

Quien escribe salió de aquél concierto rumbo al teclado a escribir la crónica. Recuerdo perfectamente que compartí con miles la sensación de haber ido a un concierto a encontrarme un poco con el pasado estudiantil lleno de consignas y pintas libertarias, y canciones de protesta y mayo francés y todo eso, y habia salido, como miles, convencida de que había ido a un preámbulo del futuro, a un prólogo de la dicha de sabernos vivos.

Percy Llanos, su representante, se ocupó entonces de hacerme conocer que tanto a Alberto Cortez como a Facundo Cabral les había gustado mucho ese escrito y solicitaban permiso para emplearlo en algún otro lugar del mundo. Además me invitaban a la última jornada de concierto. Alberto para saludarme. Facundo para conocerme. El permiso de publicación por supuesto que fue concedido de por vida, pero no acudí a la cita, por causas materiales. Facundo, entonces, me dejó uno de sus libros, autografiado.


A Alberto Cortéz le conocía bastante. Habiamos compartido en mi programa radial de medianoche en Caracas, y habiamos pasado juntos un huracán en Cuba. Incluso me tocó estar en aquél concierto interrumpido por la noticia de la muerte de su padre. Conversaciones y recuerdos hay.

A los pocos años regresó Facundo. Estaba solo y cargaba otra responsabilidad encima como agente de Paz en el mundo. Por supuesto que acudimos a saludarle. En ese momento estaba quien escribe al frente de unos micros musicales en Televen. Nos acercamos con las cámaras para darle la mano, ésta vez sí, al querido cantor argentino. Percy le recordó: “Fue ella quien escribió aquella nota que te gustó tanto”. Una sonrisa amplia y un abrazo hubo antes de las palabras hacia esta escribidora.

Conversamos en función de sus presentaciones y de sus expectativas con la paz del mundo. Fue entonces cuando abrí mi bolso y saquén un pin, un prendedor artesanal de los que hace Sahú Castrillón para venderlos en las adyacencias del Museo de Bellas Artes de Caracas. Era un pin con la figura de Charles Spencer Chaplin, genio de la dignidad en el mundo.


“Tome” le dije; “es para usted”. Y le entregué el pequeño presente.

Facundo Cabral tomó la imagen de Chaplin en sus manos y sonrió. “Ay, Carlitos, Carlitos…” y entonces me obsequió una vivencia.

“Estaba yo en Buenos Aires cuando anunciaron la presentación de Marcel Marceau. No lo podía creer que fuera a conocer a alguien que era mi ídolo. Y efectivamente lo fui a ver. Y lo ví y salí corriendo a buscar todos mis poemas y todos mis escritos y regresé igualmente corriendo y me aposté por la entrada por donde suponía debía salir Marceau del teatro luego de su presentación. Así fue. Cuando lo tuve a una buena distacia corrí y deposité a su pies todos mis papeles, mis letras, mis intentos, y le dije: ” Luego de verle a usted, señor Marceau comprendo que no soy nada”. Acto seguido Facundo Cabral me dijo que prendió fuego a los papeles donde esta volcada toda una etapa de su vida creativa.


Y contó Cabral que Marceau iba con su mirada del fuego al rostro de Facundo, y del rostro de Facundo al fuego, hasta que le dijo: “Hace bien: yo hago exactamente lo mismo cada vez que veo una película de Chaplin”.

Fue todo un honor que Cabral nos contara esa anécdota con tanto cariño y hasta nostalgia. Luego de ello guardó con cuidado el pequeño pin de Chaplin que le había regalado. Me sentí feliz por mí, por Sahú el artesano, por Marceau (ya desaparecido, lamentablemente) y por Chaplin y su vigencia.

Luego, por esas cosas de la vida, me tocó llevarlo de la mano hasta donde estaba Pablo Milanés, quien recien terminaba de presentarse en el Teresa Carreño. Cabral fue a darle aliento en la enfermedad a Pablo, y Pablo se sintió feliz por ese encuentro.

A los pocos días cuando ya Cabral se había marchado luego de sus presentaciones, acudí a ver a Dalila Colombo, para conversar de Tangos y de músicos. Llegamos a su casa y en una de esas, con café en mano, Facundo Cabral se hizo tema de conversación. Entonces Dalila, muy feliz, fue a su cuarto y regresó con un pequeño pin de Chaplin. Asombrada, por aquello de las coincidencias, pregunté por ese pequeño prendedor. “Me lo regaló Facundo Cabral”.

Me quedé pensando en que exactamente Cabral compartía todo y no se quedaba con nada. Era un poema viviente a la consistencia de sus convicciones, y en el arca de sus vivencias no había nada material y sí un universo de reflexiones.


En 2009 que Facundo Cabral volvería a Venezuela, para hacernos tropezar de nuevo con una de las mejores opciones del mundo: la de la alegría. Siempre dijo querer a nuestra patria porque, como pasó con muchos cantores durante las décadas de los sesenta y setenta, era donde se había multiplicado internacionalmente su propuesta de paz.

Decía Cabral: “Cada mañana es una buena noticia”. Menos hoy cuando la sangre de Facundo se ha derramado en Guatemala, tal vez para conjurar a los demonios y hacer Facundo Fecundo al hermano país que sufre hoy como todos en el continente ante este desgarramiento de la sensibilidad libertaria a manos de la perversidad.

Nunca imaginamos que podría morir por obra de las balas a las que tanto combatió y mucho menos que pudiera morir a las puertas de una estación de bomberos.

“Bombero, bombero, yo quiero ser bombero…”

Paz eterna a quien tanto cantó por ella.


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Una respuesta a Chaplin, Marceau, Sahú... y Facundo Cabral

  1. El pin de Chaplin, soy sobrina de Sahú, cuando era niña me quedaba horas y horas compartiendo con el mientras el me ensañaba sus artes, que pequeño es el mundo y a que manos han ido a parar simbolismos que tanto me marcan.

4 jul 2008

Sextetos colombianos

El director del Sexteto Tabalá cuenta su historia .

"La jefa del sexteto es la marímbula", dice Rafael Cassiani Cassiani, de San Basilio de Palenque, director del Sexteto Tabalá y protagonista de los recitales 'Afrosextetos colombianos.
Cassiani, leyenda y autoridad en materia de este formato musical, se refiere a un instrumento en forma de baúl o caja, con láminas de acero en el frente y que hace el papel de bajo de cuerda y percusión, que algunos llaman "piano de pulgares".

La marímbula, en un conjunto de sexteto tradicional debe estar acompañada por los bongoes, maracas, claves, una conga y una guacharaca. "Son los instrumentos del sexteto y nada más", dice Cassiani con la autoridad que le da haber visto nacer este formato musical en Colombia. "El origen fue en Cuba -cuenta-. Porque el sexteto en Cuba se formó en el año 20. Y en San Basilio de Palenque se formó en el año 30. Lo fundaron los tíos míos".
La historia de esta expresión musical se remonta a la llegada de jornaleros cubanos a la zona bananera, donde se hicieron amigos de muchos palenqueros y les fueron contando cómo era el sexteto en Cuba. "Los palenqueros volvieron -cuenta Cassiani-. Los cubanos no llegaron hasta acá. Pero les habían transmitido bien eso. Y cuando vinieron a trabajar en Central Colombia, un ingenio azucarero muy poderoso, conocieron a los tíos míos".

Juntos armaron un grupo. A falta de instrumentos como el tres, incluyeron en él la marimbula, de origen africano. "Los tíos míos mandaron hacer la marímbula -cuenta Cassiani-. La hicieron de madera, con cuero de chivo, de cabra. Hicieron las maracas con totumo. No compraron nada. Ellos hicieron la clave, la guacharaca y la conga también".
Y formaron un sexteto con canciones aprendidas de Cuba. Se bautizaron Sexteto Habanero, que permanecía en Barrio arriba -Palenque se divide en barrio abajo y barrio arriba, explica el maestro-. Mientras que otro músico, el maestro Simanca, formó otra agrupación.
Cuando Cassiani tenía unos 8 años, un tío suyo que hacía parte del Sexteto Habanero le enseñó a tocar maracas. Y cuando el aprendiz hizo sus propias maracas, lo dejó entrar a la "segunda generación", del conjunto. Pero este prácticamente se disolvió porque al palenquero le gusta mucho salir y muchos músicos se fueron. "Se cayó el sexteto -agrega Cassiani-. Guardé mis maracas y el maestro Simanca guardó sus marímbulas. Pero los sábados por la mañana me concentraba a cantar y tocar las maracas en mi casa".

De pronto, alguien murió en el pueblo. Y lo llamaron a él y a Simanca para tocar en el velorio. Acudieron. Y los siguieron llamando para otros velorios. Empezaron a encontrarse así en entierros y novenarios hasta que un día Cassiani le dijo a Simanca: "Maestro, nosotros no estamos nada más para tocar velorios. Debemos tocar para nosotros, porque el que toca a un muerto no lo hace con sabor. Maltrata bastante cantarle a una persona que está tendida".
Y Simanca aceptó armar el conjunto. No pensaron en un nombre. Pero sus canciones terminaban como las del sexteto de sus tíos, gritándole vivas al "Sexteto Habanero". Hasta que un día, alguien le dijo a Cassiani: "Maestro, ¿ustedes por qué le lanzan vivas al Sexteto Habanero, si no son de La Habana?". Cassiani respondió que lo cantaba porque lo había heredado del primer sexteto, sin pensar en que ellos no eran habaneros sino colombianos de Palenque. "Yo le voy a regalar un nombre -le dijo el otro-. El suyo se va a llamar Sexteto Tabalá, que significa tambores de guerra".

Han pasado 32 años y Cassiani y su sexteto Tabalá ya son leyenda.
Hay muchos otros sextetos en la zona norte de Colombia como el sexteto El Cordobés, del departamento de Córdoba, que incluye las tablillas en su instrumentación; el Sexteto Revivir, de Arboletes (Antioquia), que surgió de un programa de manejo del tiempo del adulto mayor; Los Aventureros del Mar, de Turbo (Antioquia), liderado por Ceferino Argumedo, que muchas veces se ha acompañado de cantadoras de Bullerengue.

Texto: Liliana Martìnez Polo

27 jun 2008

El principio humano

En mi doble condición de ciudadano colombiano y del mundo, estoy contra el empleo de cualquier forma de violencia humana, física o sicológica, en cualquier ser humano o forma vital, en cualquier lugar del planeta, ya sea planeada, motivada, inducida o practicada por cualquier individuo, comunidad, organización, gobierno, estado, organismo, transnacional o divinidad, por objetivo "altruista" que sea, busque o vislumbre. ¡Las vidas, humana y terrestre, son sagradas!.

Esto lo escribió Fernando España y estoy de acuerdo en que no sólo son las formas "altruistas" si no las formas solapadas para matar el amor en nombre del amor en aquellos que son frágiles y sensibles, lo cual se ve hoy en día como un signo de debilidad, pongo por encima de cualquier cosa el valor humano y los principios éticos del hombre a fin de engrandecer nuestro universo.